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Daddy Yankee en Buenos Aires
Por segunda vez consecutiva, The Big Boss hizo estremecer los cimientos de la Capital Federal con su infeccioso groove y particular flow. Daddy Yankee hizo lo propio en el Estadio de Argentinos Juniors y contentó a todos por igual.
La Paternal no tendrá el candor de Puerto Rico ni la cooltura del Bronx, ni mucho menos un spanglish condimentado con ropajes XXL. El vigorizado estadio de Argentinos Juniors, el sábado a la noche, fue un caldo de cultivos, un foco infeccioso y de contagio severo. Los barbijos se multiplican y se mezclan entre rostros -se intuye-expectantes. El aroma del bendito alcohol en gel se percibe en el aire; pero hay algo más, algún otro virus se propaga rápidamente, llegando a todas las generaciones, puntualmente a las adolescentes. The Big Boss está de vuelta y con él la cura para la feroz pandemia. El Diego Armando Maradona atrona y desata una histeria colectiva. Daddy Yankee ya está en el escenario, fuegos artificiales así lo confirman. Es hora de arrancarse los barbijos y entregarse. El Jefe del reggaetón dice presente una vez más. ¡Que cunda el desenfreno!
Las tribunas están colmadas, saturadas. El campo VIP de VIP sólo tiene las siglas; se convierte en un reggaetódromo, aunque la danza y el micro perreo se efectúen arriba de una endeble silla de plástico. Gorra de los NY Yankees, forrado en negro y pañuelo sirio al cuello, Raymond Ayala (como figura en su CCI.), disparó con “Somos de Calle”. Una mega puesta: cuatro pantallas, bailarines, fuegos de artificios varios, llamaradas (¡!) y cotillón. Un show que tenía que estar a la altura de uno de los máximos propulsores del reggaetón a nivel mundial. DY tiene oficio. Sabe cómo manejar a su público (que en algunos casos estaban más para un casting de Agrandaddytos). El “you know” y el “allright?” se confunden con su cálido acento boricua. Tiene labia, encanta a la audiencia. Todo gira en torno a él, aunque lo secunden un rapper regordete y bailarinas/es exuberantes. Sobran los momentos alegóricos, donde reconoce estar tocando en el estadio que lleva por nombre a uno de sus ídolos (Maradona, claro está), a la gente del barrio de Piedrabuena y, sobre todo, a las “ladies”. Todo recae en ellas, pero con respeto, porque las dedicatorias apuntan hacia las solteras.
El momento de color, nunca más oportuno, llegó cuando DY ordenó una coreografía de celulares a lo largo y a lo ancho del estadio al ritmo del “parabrisas” y “rompo el techo”. Ver para creer. Marea de pantallitas se sacudían al son de un beat. Signo de los tiempos. Luego, un homenaje al recientemente fallecido Rey del Pop con “Billie Jean”.
Tras tocar “Dale Caliente”, “Golpe de Estado”, “Pose” y “Llamada de Emergencia”, llegarían los hits más combustibles: “Gasolina”, con esa intro tan arengadora, y la bomba radial y gozosa que es “Lo que pasó, pasó”.
Redondeando los noventa minutos de pura faena caribeña y ritmos afines, Daddy Yankee se afirma como unos de los performers más consistentes del género y poseedor de un set list a prueba del aburrimiento y el tedio más abúlico. El virus ya ha sido detectado.

